Una guerra extraña: ¿En que gasta EEUU 10 millones de dólares diarios en su lucha contra el Estado Islámico? Desde 2015 I Parte

David Odalric de Caixal i Mata: Historiador Militar, experto en Geoestrategia Internacional y Terrorismo Yihadista. Director del Área de Seguridad y Defensa de INISEG (Instituto Internacional de Estudios en Seguridad Global). Director del Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista (OCATRY). Membership in support of the AUSA (Association of the United States Army) Miembro asesor de la Sección de Derecho Militar y Seguridad del ICAM (Ilustre Colegio de Abogados de Madrid). Membership in support of the Friends of the Israel Defense Forces. Miembro del Consejo Asesor del Likud-Serbia (Israel).  Miembro de Honor de la Academia Europea de las Ciencias, Artes y Humanidades.

El Pentágono ha divulgado en estos últimos años los gastos económicos en el conflicto de Siria, en el cual constato que destinó aproximadamente más de 11,1 millones de dólares diarios a la lucha contra el Estado Islámico en Irak y Siria. El costo total de la operación desde el 8 de agosto de 2015 a 2017 alcanzó los 2.740 millones de dólares. Esta cifra no ha impedido la expansión territorial del EI, que se apoderó de una serie de ciudades clave en Irak y, en parte, también en Siria. Dos terceras partes del dinero gastado por el Pentágono durante más de 300 días de la operación se han destinado a ataques aéreos, según los datos publicados en el Departamento de Defensa de EE.UU. Hasta el momento estos bombardeos han resultado ineficaces, ya que la coalición internacional no ataca la infraestructura petrolera que está bajo el control del grupo radical, de manera que no se ha interrumpido la fuente de ingresos del Estado Islámico. Para construir un Estado, hacen falta ingresos y eso no se consigue con los métodos habituales de un grupo terrorista –robos, pago de secuestros, extorsiones–, sino a través de un sistema impositivo, que el EI comenzó a establecer en Siria, y mediante los ingresos de la economía tradicional. Mientras en el Congreso de los Estados Unidos el general retirado Jack Keane, calificado por muchos como artífice de la derrota de la insurgencia iraquí, clamó por una intervención en tierra para acabar con el ascendiente de Estado Islámico en Siria, la primera potencia mundial no deja de bombardear objetivos sobre el terreno. Si la operación Inherent Resolve, bajo cuyo paraguas se articuló la intervención de Estados Unidos en el espacio aéreo de Siria e Irak, debiese juzgarse por su rendimiento en términos económicos, los auditores sólo podrían certificar una cosa: ruina. Porque pese a las más de 20.000 bajas que según el Pentágono han causado sus bombardeos en las filas del ISIS (sin contar los civiles muertos), el territorio que controlaban los terroristas ha ido menguando con los años de forma significativa, hasta perder la casi totalidad de sus posesiones en Siria e Irak, a excepción de algunos pequeños bastiones.

EEUU utilizó el ataque a Siria para estrenar un misil invisible. Lockheed Martin: el JASSM-ER. Bajo tan inmensas siglas se oculta Misil de Distancia Aire-Tierra Conjunto – Rango Extendido. O sea, una cosa de cuatro metros y medio que se lanza desde aviones, lleva media tonelada de explosivos, y tiene un alcance de más de 1.000 kilómetros, que es de donde viene lo de ‘Rango Extendido’. Es una distancia más que suficiente como para que la ‘plataforma’ -o sea, el avión- que lanza el misil no corra peligro de ser alcanzado por la defensa antiaérea, que es a lo que se debe la palabra ‘Distancia’ (‘Standoff’, en inglés) del nombre del misil. Su firma de radar muy pequeña. O sea, es un misil ‘furtivo’, difícil de detectar.

El Pentágono calculó que entrenar y apoyar a los rebeldes sirios costaría alrededor de 500 millones de dólares anuales. Realizar ataques con misiles de crucero y aviones contra blancos militares en Siria requeriría el uso coordinado de «cientos» de unidades: aviones de combate, buques, submarinos y otras fuerzas. El costo aproximado de la operación: «miles de millones de dólares«.

La creación de una zona de exclusión aérea en Siria con el fin de limitar las posibilidades de la Fuerza Aérea del país árabe costaría unos 500 millones de dólares al mes, cantidad que podría aumentar hasta 1.000 millones de dólares mensuales. El control sobre las armas químicas en Siria requeriría no solo una zona de exclusión aérea, sino ataques aéreos y de misil llevados a cabo por cientos de aviones, barcos, submarinos y otros facilitadores. Se necesitarían miles de fuerzas de operaciones especiales y otras fuerzas terrestres para asaltar y proteger sitios de importancia. Los costos también pueden superar los 1.000 millones de dólares mensuales. Conforme a los datos que publica regularmente el Departamento de Defensa de Estados Unidos, el gasto militar no ha dejado de aumentar desde que los F-18 del portaaviones USS George H.W. Bush, entre otros, comenzaran a golpear las posiciones del ISIS en agosto de 2014. En los 450 días que mediaron desde entonces hasta 31 de octubre del año 2015, los contribuyentes estadounidenses habían sacado ya de sus bolsillos 5.012 millones de dólares para sufragar la peculiar cuenta de resultados de esta empresa.

Eso supone una media de 11,1 millones de dólares diarios (unos 10,3 millones de euros), de los que apenas 2,5 salen del activo corriente, junto con la munición que costearon, cada vez que el sol se pone sobre el Tigris y el Eúfrates. El mayor importe corresponde sin embargo al concepto bautizado como OPTEMPO (tiempo de operaciones), en el que se cuantifican los costes de capital (la sustitución por desgaste, similar en cierto modo a la amortización económica, y el deterioro por bajas): 5,7 millones cada día, de los que la práctica totalidad corresponden a los sistemas aéreos utilizados. Los costes de apoyo a las operaciones (ejemplo: comida) y de apoyo logístico (ejemplo: transporte y suministro de combustible) se llevan por su parte 1,6 y 1,2 millones de dólares al día, mientras que los gastos en salarios son casi ridículos en el global, con sólo 100.000 dólares por jornada (menos del 1% del coste operativo total). Por armas de ejército, las fuerzas aéreas consumen 7,5 de los 11 millones de dólares diarios, frente a 1,5 y 1,3 millones que se llevan la Armada y el Ejército de Tierra, respectivamente. Esta cifra parece demostrar que el grueso de las operaciones aéreas está recayendo sobre aviones con base en tierra -incluyendo no sólo cazas, sino también las nodrizas para repostaje en vuelo, los lentos pero efectivos cañoneros y los sistemas de alerta temprana y control aerotransportado-, y en menor medida en cazabombarderos embarcados en el portaaviones de turno.

Combates en la ciudad de Palmira. Fuente: EFE

El gasto público en defensa en Estados Unidos creció 14.175,9 millones en 2018, es decir un 7,3%, hasta 552.012,3 millones de euros, con lo que representó el 9,01% del gasto público total. Esta cifra supone que el gasto público en defensa en 2018 alcanzó el 3,16% del PIB, una subida 0,05 puntos respecto a 2017, en el que fue el 3,11% del PIB. En 2018 Estados Unidos se mantuvo en la misma posición en el ranking de países por importe invertido en defensa, en el primer puesto de la lista, es decir es el país que más invierte en defensa. En cuanto a su proporción respecto al PIB, su situación ha mejorado, tiene un buen ratio si lo comparamos con el del resto de los países, ocupa el puesto 23 de los 165 países que componen el ranking. En cuanto al porcentaje que supone la inversión en defensa respecto al presupuesto gubernamental (gasto público), Estados Unidos se encuentra en el puesto 39. En 2018, el gasto público per cápita en defensa en Estados Unidos fue de 1.686 euros por habitante. En 2017 fue de 1.653 euros, luego se produjo un incremento del gasto público en defensa por habitante del 2%, 33 euros por persona. En la actualidad, según su gasto público en defensa per cápita, Estados Unidos se encuentra en el puesto 4 de los 165 publicados. Si miramos la evolución que ha sufrido el gasto en defensa vemos que en 2018, Estados Unidos dedicó el 9,01% de su gasto público total a defensa, mientras que el año anterior había dedicado el 8,94%, cinco años antes el 10,73% y si nos remontamos diéz años atrás el porcentaje fue del 11,42% del gasto público. En 2018, el gasto público per cápita en defensa en Estados Unidos fue de 1.686 euros por habitante. Se trata del gasto total dividido entre todos sus habitantes, independientemente de que sean estudiantes o no y de la edad que tengan. En la actualidad, según su gasto público en defensa per cápita, Estados Unidos se encuentra en el puesto 4 de los 165 publicados. Finalmente, los datos de esta guerra a distancia que libra Estados Unidos contra el ISIS muestran que el gasto de Washington no ha dejado de aumentar desde que los bombardeos comenzaron. Si a mediados del mes de julio del 2014 el coste diario medio (computado desde agosto de 2014) era de 9,2 millones, un mes después ascendía ya a 9,4, y la tendencia no hizo más que crecer: 9,9 millones a mitad de agosto, y 10,9 millones en la primera quincena de septiembre. La principal razón para este crecimiento súbito en la versión moderna -pero descarnadamente precisa- de ‘las cuentas del Gran Capitán’ la tienen las operaciones en Siria. Conforme a los últimos datos disponibles, EEUU empleaba cada día 5,6 millones en Inherent Resolve mientras sus operaciones se limitaban al territorio iraquí. Desde que hace más de un año comenzase a actuar sobre la asolada Siria, el coste medio diario se duplicó y subió a 11,7 millones.

Soldados de la 10ª División de Montaña abordan un helicóptero Blackhawk en una misión de entrenamiento para despliegues futuros, 18 de mayo de 2016. www.bbc.com

Por fin, el Estados Unidos aceleró aún más su maquinaria militar desde que Rusia entró en el escenario para apoyar a Al Assad en su lucha contra los rebeldes y a Irán contra el ISIS (en su propia guerra por poderes contra Arabia Saudí). El coste medio diario (computado desde finales de septiembre de 2014) ha crecido un 12,3% en sólo 90 días, para una serie de sólo 11 meses y medio de duración total. Sin datos parciales (el Pentágono sólo desglosa los gastos para el periodo anterior y posterior a su entrada en espacio aéreo sirio) es imposible saber con exactitud cuánto se han incrementado las operaciones aéreas de EEUU como respuesta a la llegada de los aparatos de Putin. Sí está claro, sin embargo, que Washington ha acelerado su maquinaria militar de forma notable para no quedarse atrás en la carrera con Moscú para la mesa de negociación siria en un escenario post-ISIS. En un ejemplo más de esta guerra-dentro-de-la-guerra que han emprendido el ex agente de la KGB Vladimir Putin y el Premio Nobel de la Paz Barack Obama, (y que por cierto recuerda en algún aspecto a las prisas de ambos bandos por ocupar la mayor cuota posible de Alemania en los últimos días del nazismo) Rusia informaba tras el ataque de EEUU en Siria,  del lanzamiento de 34 misiles crucero y del empleo, por primera vez en el conflicto, de bombarderos Tu-160, Tu-95 y Tu-22.

Estados Unidos se ha gastado o comprometido a gastar unos 5,9 billones de dólares en su guerra contra el terrorismo a nivel mundial desde que se produjeron los atentados del 11-S en el año 2000. El Gobierno estadounidense se habría gastado unos 1,5 billones de dólares en sus campañas antiterroristas en Afganistán, Irak y Siria, solo en lo que se refiere al gasto del Departamento de Defensa. Su cifra difiere sustancialmente de las estimaciones ofrecidas por el Pentágono porque incluye no solo las partidas de guerra en países como Irak, Siria, Afganistán, Pakistán y otras «operaciones de contingencia exterior«, sino los gastos de los distintos departamentos federales como consecuencia de dichas operaciones. Si Estados Unidos continúa la trayectoria actual, el gasto de guerra seguirá aumentando, a sabiendas de que el Pentágono ya tiene previstos proyectos por 80.000 millones de dólares en operaciones de contingencia en el extranjero hasta el año 2023. «Incluso si las guerras terminaran para 2023, Estados Unidos seguiría encaminado a gastar 808.000 millones adicionales hasta un total de al menos 6,7 billones, sin incluir los costes de los futuros intereses.


En total, si se suman Irak (822.000 millones desde 2003), Siria (54.000 millones desde 2014), Pakistán (10.000 millones) y otros escenarios en Europa y África vinculados a la lucha contra el terrorismo (137.000 millones), la Casa Blanca admite un gasto global de poco más de dos billones de dólares. A ello hay que sumar la ‘calderilla’ de otros 23.000 millones de dólares gastados desde apenas tres días después del 11-S hasta hoy en la Operación ‘Noble Eagle’, que es el despliegue de la Guardia Nacional y otros efectivos en puntos estratégicos (puentes, infraestructuras, lugares turísticos) en el propio país como vigilancia preventiva. Estos 2 billones no dejan de ser casi una tercera parte de lo que realmente podría haberse gastado (y tiene comprometido gastar ya) Estados Unidos en sus guerras en el exterior. Porque las cifras del Departamento de Defensa solo contemplan el presupuesto concreto del gasto militar. Un reciente informe realizado por el Instituto Watson, de la Universidad de Brown, eleva a más de seis billones el gasto total desde el 11 de septiembre de 2001 hasta este arranque de 2020. La partida adicional más elevada ascendería a 924.000 millones de dólares y corresponde al gasto que ha realizado el departamento de Seguridad Nacional en acciones de prevención y respuesta contra el terrorismo en el propio territorio de Estados Unidos. Otros 918.000 millones los achaca el estudio académico a los desvíos al alza del presupuesto inicial que se han producido en las operaciones desde su concepción (los datos de Defensa solo incluían lo presupuestado, no lo gastado). Lo sorprendente viene en la tercera gran partida oculta de la batalla contra el terrorismo: nada menos que 716.000 millones de dólares, el equivalente a un presupuesto anual de toda la estructura militar americana, se ha reservado para el pago de los intereses de la deuda generada por las operaciones en el exterior. Finalmente, otros 353.000 millones de dólares se han dedicado a pagar indemnizaciones, prestaciones, pensiones y atención médica o psicológica para los veteranos o las familias de estos si la pensión era por muerte.  Aunque faltan otro billón en la suma final. Habría que pensar que, si se acabasen todas las campañas en el exterior entre este año y el próximo, el coste de pagar la atención sanitaria y social de los veteranos de todas estas guerras no bajaría de ese billón calculado entre 2020 y 2059. 

El Peso de las operaciones recaerá también en EEUU

Hay que recordar que la campaña de la OTAN en Libia provocó opiniones negativas sobre la formación militar de los miembros europeos de la OTAN. Los gastos militares oficiales de EEUU para la operación en Libia, según el Pentágono, alcanzaron los 1.100 millones de dólares. De acuerdo con el que fuera ministro de Defensa británico, Philip Hammond, la contribución del Reino Unido a la operación de la OTAN en Libia ascendió a 212 millones de libras (333 millones de dólares). El ministro de Defensa francés durante el conflicto, Gérard Longuet, a su vez indicó que la contribución de Francia en Libia fue de 320 millones de euros. No se descarta que los costos reales fueran mucho mayores. Además, hay que tener en cuenta que el gasto militar de la OTAN en Libia fue el que corresponde a una campaña militar de relativa baja intensidad. Los gastos militares en la operación contra Siria, fueron mucho mayores. Las estimaciones del Pentágono nos dejan claro que los gastos serían de miles de millones de dólares. Y los costes pueden aumentar significativamente con el tiempo, dependiendo de la duración de la campaña.

EE.UU. gasta 11,1 millones a diario para combatir al Estado Islámico / REUTERS/U.S. Army/Sgt. Cody Quinn/Handout

A lo largo de la «guerra contra el terrorismo«, los autores estiman que entre 770.000 y 801.000 civiles y combatientes de todos los bandos han muerto en Afganistán, Iraq, Siria, Pakistán y Yemen desde que las fuerzas estadounidenses comenzaron sus operaciones militares en esos países. El número de «muertes indirectas«, es decir, aquellos que no se confirmó que murieron por el armamento militar, pero que murieron debido a la falta de atención médica, infraestructura o alimentos como resultado de las operaciones militares, los embargos y bloqueos pueden superar los 3,1 millones, aunque podríamos señalar que las estimaciones creíbles superan los 12 millones. Si bien el número es menor, se estima que también han muerto 6.100 militares y contratistas estadounidenses desde la invasión del Afganistán en 2001. Si se incluyen las muertes de los Estados Unidos en el Iraq, Siria, el Pakistán, el Yemen y las docenas de países africanos en los que el ejército de los Estados Unidos ha estado librando diversos conflictos durante años, el número de muertos aumenta a aproximadamente 15.000. Destrozados mental y físicamente por el trauma de la guerra, cientos de miles de veteranos estadounidenses han regresado con horribles heridas físicas y mentales, desde amputaciones y quemaduras hasta trastornos de estrés postraumático y lesiones cerebrales traumáticas. En 2018, 1,7 millones de veteranos informaron de una discapacidad relacionada con su despliegue. Además de los conflictos contra el terrorismo islamista en Asia central, el Presidente Trump ha ampliado el alcance de la «guerra contra el terrorismo» para incluir grandes franjas de África con más de 6.000 soldados repartidos en 22 países. En total, unos 80 países hay desplegados tropas de Estados Unidos en más de 800 bases, aeródromos y puestos de vigilancia militar, cuyo mantenimiento cuesta más de $50 mil millones al año. El Presidente Trump también ha continuado con el despliegue militar estadounidense en Filipinas, concretamente de las islas meridionales de Mindanao, donde hasta 6.000 soldados de fuerzas especiales y «asesores militares» de los Estados Unidos han participado en una campaña de cuatro décadas de duración para erradicar a los «terroristas» y los «contrainsurgentes«. En 2017, las fuerzas estadounidenses lucharon junto con el ejército filipino, proporcionando armas, entrenamiento y reconocimiento aéreo, lo que condujo a la destrucción de la ciudad histórica de Marawi, desplazando a casi 200.000 personas. Desde que asumió la presidencia, Trump ha comunicado en repetidas ocasiones de haber «repuesto» el ejército «agotado» de los Estados Unidos bajo su vigilancia. Con la ayuda de los demócratas en el Congreso, Trump ha aumentado el presupuesto militar de Estados Unidos, cada año en el cargo, incluyendo la firma de un monstruoso presupuesto de $738 mil millones para el año fiscal 2020, un aumento del 5,3 por ciento con respecto al año anterior. El Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo estima que los ingresos por ventas de armas de las cinco principales empresas de fabricación armamentística de EE.UU., Lockheed Martin, Boeing, Raytheon, Northrop Grumman y General Dynamics, aumentaron en un 30 por ciento entre 2015 y 2019.

Tropas de Estados Unidos desplegadas en Siria Autor: AFP Publicado: 14/09/2020

Mientras que la administración de Trump se ha negado a publicar un resumen mensual del poderío aéreo desde febrero de 2020, el Comando Central de los Estados Unidos declaró a principios de este año que los aviones de guerra estadounidenses lanzaron 7.423 bombas sobre Afganistán en 2019, más que ningún otro año desde 2006. Desde que Trump asumió el cargo, Afganistán, con unos 5,3 millones de desplazados desde 2001, ha sido testigo del lanzamiento de más de 20.000 bombas sobre el país, incluido el ataque contra los Talibanes, con la Explosión Aérea de Artillería Masiva, la bomba más destructiva utilizada en combate desde los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki.

Siria: una guerra con intereses geopolíticos y geoestratégicos

En Siria no hubo en 2011 ninguna revolución. La guerra de Siria es el resultado de un conflicto entre dos sistemas; el secularismo socialista del Partido Baaz frente al islamismo, de los Hermanos Musulmanes. Se trata de un enfrentamiento que lleva desangrando Siria desde los años sesenta, cuando los baazistas tomaron el poder por primera vez, y que en 2012 se recrudeció cuando islamistas de todo el mundo acudieron a la llamada de la yihad hasta provocar el conflicto que, entre disputas de poder y fuego cruzado, ha convertido a Siria en un puzzle de cientos de milicias, organizaciones e intereses que se sostienen sobre la muerte. Desde el principio, la guerra se sustentó en mentiras. La administración Obama, buscaba mantener la hegemonía de sus aliados en la región para que sus empresas siguieran operando en el mercado de los recursos. Junto a Estados Unidos, Francia, Qatar y Arabia Saudí necesitaban encuadrar la opinión pública a su favor para que ésta respaldase una intervención directa dentro de Siria dando apoyo logístico, militar y financiero a los rebeldes. En ningún momento se planteó qué porcentaje de población local estaba a favor de su gobierno y qué porcentaje de población estaba a favor de derrocarlo porque, sencillamente, no importaba. Rusia por su parte, bajo la excusa de defender Siria, decidió involucrarse en el conflicto para proteger tanto su estratégica salida al Mediterráneo en el puerto de Tartús como sus intereses comerciales y políticos. Con la Siria de Bashar al-Assad, Putin sabe que sus enemigos regionales no podrán construir un gaseoducto desde Qatar hacia Europa pasando por Siria, por lo que los rusos se aseguran ser los únicos que suministren gas natural a Alemania y países vecinos a través del mar Báltico. Al beneficio económico se le añade la ventaja política de poder chantajear con recursos básicos. Irán, Israel, Turquía y Arabia Saudí están enfrascados en una disputa por la dominación regional, algo en lo que Estados Unidos juega un papel vital a favor de su principal aliado Israel. Lejos de lo que decían los titulares de prensa, la Siria presidida por Bashar al-Assad no era un país de partido único. Si bien hasta la reforma constitucional de 2012 el Partido Baaz Árabe Socialista gozaba de una posición privilegiada como partido del Estado, también son legales el Movimiento Socialista Árabe, Unión Socialista Árabe de Siria, Partido Comunista Sirio, Partido Comunista Sirio (unificado), Unionistas Socialdemócratas, Unionistas Socialistas, Partido de Unión Árabe Democrática, Partido Unionista Socialista Democrático, Movimiento de Pacto Nacional, Partido Social Nacionalista Sirio y Nasseristas. Para entender el conflicto irreconciliable entre el Estado sirio y los Hermanos Musulmanes hay que conocer la base ideológica de ambos. El Partido Baaz surge tras la descolonización y tiene como base ideológica el secularismo y el socialismo no marxista. Su ideología nacionalista árabe busca unir a una población desarraigada y sin identidad tras el Imperio Otomano y la colonización francesa, al tiempo que hace frente al panislamismo. Para ello apuesta por la construcción de un estado secular y anti-imperialista que reconozca todas las etnias y confesiones que conforman el país más diverso de Oriente Medio.

Los Hermanos Musulmanes, en cambio, buscan recuperar la identidad islámica de los países árabes y son liberales en lo económico y conservadores en lo social. Aunque se presentan como una organización islamista moderada, los Hermanos Musulmanes tienen un largo historial de violencia en Oriente Medio y el Norte de África. En los años 40 asesinaron al primer ministro de Egipto Mahmud Pasha, en los años 50 intentaron asesinar al presidente egipcio Gamal Abdul Nasser, y en 1988 se unieron al Frente Islámico de Salvación en Argelia, en un alzamiento islamista que provocó una guerra civil en la que murieron más de 200.000 personas. La hermandad bebe del deobandismo, una corriente integrista del islam que busca volver a los orígenes del mismo para vivir como en los tiempos del profeta Mahoma y que también comparten los talibanes. Esta escuela persigue eliminar cualquier vestigio cultural, social y político que no tenga raíces islámicas. En Siria no tardaron en convertirse en la principal fuerza de oposición sectaria al secularismo del Baaz, y desde que este llegase al poder en los años 60, han intentado derrocar al gobierno en múltiples ocasiones.

Cuando Bashar al-Assad llegó al poder en el año 2000, hizo reformas que limitaban el control del Estado sobre la población. Esto provocó que la oposición islamista contase cada vez con menos base social, lo que se tradujo en que fracasasen todos sus intentos de golpe de Estado, por lo que se vieron forzados a buscar apoyos en el exterior; principalmente británico, francés y de EEUU. Poco antes de que estallase el conflicto, la oposición ligada a los Hermanos Musulmanes y asentada en Londres creó Barada TV, el medio de referencia que se utilizó para pedir el derrocamiento de Bashar al-Assad e informar en Europa de forma parcial y propagandística sobre las protestas sirias. Según Barada TV, cientos y hasta miles de personas eran asesinadas por “las fuerzas de Assad” cuando protestaban contra el estado de emergencia, situación que vivía Siria desde hacía más de cincuenta años debido a los constantes golpes de Estado y la guerra con Israel. Según cables difundidos por Wikileaks, desde 2006 y tras congelar sus relaciones con Siria en 2005, los Estados Unidos entregaron a Barada TV más de 6 millones de dólares para operar el canal y financiar “actividades de la oposición” dentro de Siria. Se estima que, entre 2005 y 2010, Estados Unidos introdujo en Siria unos 12 millones de dólares para financiar a grupos insurgentes opositores al Gobierno de Al-Assad antes de que estallase la guerra, una cifra que aumentaría exponencialmente durante la guerra hasta alcanzar los 12.000 millones.

Las diversas injerencias muestran que el conflicto se forzó desde el exterior, principalmente de la mano de potencias extranjeras y del entorno de los Hermanos Musulmanes en Europa, donde cuentan con 500 asociaciones ligadas a la Federación de Organizaciones Islámicas en Europa (FOIE), entre las que destaca el Movimiento para la Justicia y el Desarrollo, que entró en Siria –donde estaba ilegalizado– durante la guerra. Fuente: OCATRY (Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista) INISEG

Rusia no ha entrado en Siria por solidaridad internacionalista. Siria proporciona actualmente a Rusia la baza estratégica de la salida al mar Mediterráneo, por esta razón intervino militarmente para salvar del colapso al gobierno sirio cuando los rebeldes se encontraban más fuertes –antes de las luchas de poder que les han sentenciado–. Los rusos no entraron a Siria hasta 2015. Durante los primeros años de la guerra, el Kremlin mostró cierta disposición a colaborar con Estados Unidos en propuestas como la destrucción del arsenal químico sirio en 2013, pero vetaba constantemente las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas contra el gobierno de Bashar al-Assad. Hasta 2015 sus bases de Tartous, Latakia y Hmeymim se encontraban en zonas relativamente estables controladas por el Gobierno sirio. En 2015, sin embargo, el Gobierno se encontraba en una posición muy frágil y Rusia veía peligrar su salida al Mediterráneo. Es entonces cuando el Kremlin decide atender la petición del parlamento sirio y entrar con fuerza en Siria. Otro interés central de Rusia es el tráfico de gas natural, que juega un papel fundamental en sus relaciones internacionales. Los rusos venden su gas a Alemania y países vecinos por el mar báltico, a través de Gazprom, a unos precios contra los que Estados Unidos no puede competir. Por ello, cuando hay una crisis diplomática Rusia siempre puede amenazar, como hizo durante la crisis en Ucrania, con cortar los suministros de gas. Evitando que Estados Unidos venda gas natural catarí a través de un gaseoducto que tendría que pasar por Siria, Rusia consigue mantener su dominio diplomático del centro de Europa y mitiga el efecto de las sanciones impuestas por EE.UU. Estados Unidos que busca mantener la hegemonía de sus aliados en la región para que sus empresas sigan operando en el mercado de los recursos, ha invertido al menos 500 millones de dólares según los datos oficiales solo en entrenar a los rebeldes. Sin contar el gasto de sus dos ataques con misiles Tomahawk en 2017 y 2018 contra múltiples posiciones sirias. Solo entre 2014 y 2018 reconocen haber invertido 12 mil millones de dólares en Siria para crear nuevas fuerzas  de seguridad en territorios de la oposición, entregarles armamento, estabilizar localidades, organizar operaciones militares y civiles.

El papel de los apoyos externos en Siria: Arabia Saudita y Qatar

La financiación extranjera es un componente fundamental en la guerra civil de siria y en el sistema de guerra que allí está evolucionando. Estos subsidios se reciben de donantes y patrocinadores extranjeros que han contribuido con un significativo apoyo financiero y material que ha terminado por sostener a los actores beligerantes. En última instancia, las consecuencias no intencionales de estos apoyos se vuelven tan importantes como las intencionales, si no más que ellas mismas. Un buen ejemplo de esta situación es el caso de las donaciones ofrecidas por individuos extranjeros y gobiernos de los estados del Golfo Arábigo a varias facciones islamistas, las cuales juegan un papel importante en el sostenimiento del sistema de guerra. Se calcula que sólo Qatar invirtió en Siria alrededor de US$3,000 millones entre 2012 y 2013, promediando US$1,500 millones anuales. Arabia Saudita y Kuwait invirtieron entre julio de 2013 y principios de 2014 una suma adicional entre US$1,200 y US$2,000 millones. Para 2015, la cantidad total invertida por Arabia Saudita y Qatar con el objetivo de armar la oposición llegó a ser más de US$10,000 millones (Balout, 2015). Este dinero apoya a los insurgentes, pero también ofrece al banco central de Siria la oportunidad de obtener fondos para sostener su moneda, dado que se mitiga la devaluación y se impulsan las reservas de moneda extranjera. Como la Libra Siria sigue siendo la moneda de las transacciones en las áreas ocupadas por los rebeldes que reingresan a la economía legal, este hecho ayudó a frenar la caída de la tasa de cambio de la moneda, cuyo valor se había depreciado a 47 Libras Sirias antes de la rebelión en marzo de 2011, pero que llegó a las 200 Libras a comienzos del 2013 y luego bajó a 170 Libras a mediados de 2014. En términos prácticos, la asistencia extranjera en efectivo apoya la economía política de un cómodo impasse.

Turquía y su apoyo en la guerra

Buscando expandir su influencia regional, Turquía apoyó a los grupos islámicos que luchaban por el control de los puntos de cruce en la frontera entre Siria y Turquía, incluyendo a ISIS y al Frente Al Nusra. Estos puntos de cruce se convirtieron en territorios vitales para todos los grupos que luchaban contra el régimen sirio e incluso en mayor medida para la supervivencia económica de estas dos organizaciones. Turquía no sólo se convirtió en un punto focal en términos de reclutamiento, retirada, rearmamento y logística, sino también en la ubicación base de una economía de guerra floreciente. El intercambio de bienes robados de Siria, incluyendo petróleo, productos agrícolas, maquinaria, equipos y tesoros arqueológicos, junto con el lavado de dinero y la venta de armas, tiene lugar en estas áreas de frontera. Sin la complicidad de las autoridades turcas y el sistema financiero del país, no hubiera sido posible ninguna de las transacciones económicas conducidas por los rebeldes sirios y los empresarios criminales en los territorios fronterizos. Para empeorar las cosas, el partido dominante en Turquía encontró un respiro en el Islam político que floreció tras el colapso de las autarquías en Túnez, Egipto y Libia, y legitimó su propia ideología conservadora. Actualmente hay un estimado de 1,500 turcos combatiendo en las filas de ISIS en Siria, reclutados por centros y mezquitas en Ankara y otras ciudades turcas. Este comportamiento político genera ciertas preguntas sobre el Partido de Desarrollo y Justicia de Recep Tayyip Erdoğan—, sobre su objetivo último y sus metas, los cuales se hicieron evidentes después de que Turquía mostrara cierta renuencia en su aceptación de unirse al plan regional e internacional de Estados Unidos para luchar contra ISIS —particularmente respecto al control de las áreas kurdas adyacentes a la fronteras turcas, las cuales son vistas por Turquía como adversarias—. Turquía encontró en ISIS un buen aliado y una herramienta para debilitar las fuerzas nacionales kurdas en Siria que objetaron su posición frente al régimen de Assad y, lo que es más importante, una manera de temperar la creciente resistencia de su propia población kurda y sus aspiraciones irredentistas. Contra los deseos de Ankara, la mayoría de los grupos políticos en Siria optaron por la neutralidad durante la guerra civil. Por lo tanto, el papel tácito de Turquía en el conflicto de Siria ha contribuido al estancamiento, y se ha hecho claro que uno de sus objetivos estratégicos es establecer una zona de amortiguación para separar a los kurdos sirios de los kurdos de Turquía, muchos de los cuales comparten lazos familiares y tribales.

A juzgar por el despliegue respectivo, cualquiera podría pensar que el Estado Islámico es apenas una ficha más en un tablero de un juego enrevesado, en una partida por turnos desde la ribera del Potomac hasta la del Moscova. Una bandera temible en calles como las de París, pero que apenas puede verse a vista de satélite. El Estado Islámico ha llegado a controlar 160 pozos de petróleo en Siria y otros tantos en Irak y según los cálculos llegaron a producir unos 400.000 barriles por día, es decir, el equivalente al 0,43% de la producción mundial. Los volúmenes que maneja el EI son “una gota en el océano de la producción global” Sin embargo, estos volúmenes que ha controlado el EI sí que son muy significativos en cuanto a generación de ingresos para el grupo. La que fue embajadora de la Unión Europea (UE) en Irak, la diplomática checa Jana Hybaskova, reveló que algunos Estados miembros del bloque comunitario han comprado crudo iraquí, robado por el Estado Islámico. Sin embargo, se negó a revelar los nombres de los países en cuestión ante la presión impuesta por algunos miembros de la Euro-cámara. Asimismo, otros informes acusan a Turquía de comprar y permitir el transporte de petróleo por parte del Estado Islámico y el denominado Frente Al-Nusra, vinculado a Al-Qaeda. Las principales ganancias del movimiento extremista llagan de la venta en el mercado negro del petróleo de los pozos que ha capturado en Irak y Siria. “Compramos un camión cisterna de 26 a 28 toneladas por 4.200 dólares y luego lo vendemos en Turquía o en Jordania por 15.000 dólares” y los terroristas pagan a los corruptos vigilantes de fronteras unos 650$. Si el grupo yihadista pudiera llegar a controlar los territorios en los que las milicias están avanzando, los ingresos podrían ascender hasta los 3 millones diarios y se alcanzarían los 100 millones de dólares al mes. Los ingresos más importantes del EI dependían de la existencia continua de su estructura burocrática dentro de los territorios bajo su control, y hay poco que uno pueda hacer para interrumpirlo, a menos que se destruya esa estructura. Hay que matizar que menos de un tercio de los ingresos del Estado Islámico proviene del petróleo y, sin embargo, casi la mitad de beneficios son confiscaciones a los habitantes del territorio que está siendo ocupado por los terroristas.