Mike Pompeo denunció los vínculos terroristas del régimen persa: “Al Qaeda tiene una nueva base, es la República Islámica de Irán”

El secretario de Estado norteamericano confirmó el asesinato del segundo al mando de la organización terrorista, ocurrida en Teherán en agosto, anunció sanciones a varias personas y una recompensa de 7 millones de dólares por información sobre un terrorista refugiado en el país persa.

El jefe de la diplomacia estadounidense, Mike Pompeo, acusó el martes a Irán de ser la nueva “base de operaciones” para la red yihadista Al Qaeda, “peor” que Afganistán en el momento de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

“Al Qaeda tiene una nueva base de operaciones: es la República Islámica de Irán”, dijo Pompeo ante el National Press Club en Washington.

“Yo diría que Irán es de hecho el nuevo Afganistán, como el centro geográfico clave de Al-Qaeda, pero en realidad es peor”, aseguró. “A diferencia de Afganistán, cuando Al-Qaeda se escondía en las montañas, Al-Qaeda opera hoy bajo el duro caparazón de la protección del régimen iraní”.

Instó a más presión internacional, calificando a la supuesta alianza como una “fuerza masiva para el mal en todo el mundo”.

El jede de la diplomacia de la administración Trump no llegó a instar a la acción militar y dijo: “Si tuviéramos esa opción, si decidimos hacer eso, hay un riesgo mucho mayor al ejecutarla”.

Pero anunció sanciones a varias personas y una recompensa de 7 millones de dólares por información sobre un miembro de Al-Qaeda que se creía que estaba en Irán identificado como Muhammad Abbatay o Abd al-Rahman al-Maghrebi.

En su discurso, una semana antes de dejar el cargo, Pompeo también confirmó oficialmente por primera vez la muerte en agosto en las calles de Teherán del número dos de Al Qaida Abdulah Ahmed Abdulah o Abu Muhammad al-Masri, acusado de ayudar a planear los atentados con bombas en 1998 de dos embajadas estadounidenses en África. El New York Times había informado en noviembre que fue asesinado a tiros por agentes israelíes durante una misión secreta patrocinada por Estados Unidos. Irán negó el informe, diciendo que no había “terroristas” de Al Qaeda en su territorio.El atentando contra la embajada de EEUU y un banco en Nairobi, Kenya, el 7 de agosto de1998 (EFE/EPA/STR)
El atentando contra la embajada de EEUU y un banco en Nairobi, Kenya, el 7 de agosto de1998 (EFE/EPA/STR)

Irán, una teocracia chiíta, se opone ideológicamente tanto a Al-Qaeda como al grupo Estado Islámico, movimientos sunitas extremos que son predominantemente árabes, y ha luchado en frentes en el extranjero contra ambos.

Muchos expertos creen no obstante que Teherán ha permitido que los operativos de Al-Qaeda usen su territorio, comparativamente a salvo del ejército estadounidense, para brindar garantías de que los extremistas no atacarán a Irán.

Pompeo reconoció que el mismo fundador de Al-Qaeda, Osama bin Laden, “consideraba rehenes a los miembros de Al-Qaeda dentro de la República Islámica de Irán” y que no había pruebas de que Irán respaldara los ataques del 11 de septiembre de 2001, en su mayoría perpetrados por ciudadanos saudíes.

Pero Pompeo, un ex jefe de la CIA, dijo que Irán en los últimos años ha permitido a Al-Qaeda una mayor libertad de movimiento, incluida la emisión de documentos de viaje, y que el grupo tiene un “liderazgo centralizado” en Teherán.

Teherán ha permitido que Al-Qaeda recaude fondos, se comunique libremente con otros miembros de Al-Qaeda en todo el mundo y realice muchas otras funciones que anteriormente estaban dirigidas desde Afganistán y Pakistán”, dijo Pompeo.

El jefe de la diplomacia iraní, Mohamad Javad Zarif, rechazó las acusaciones de su homólogo estadounidense.

“No engañan a nadie”, tuiteó Zarif. “Todos los terroristas vinieron” de los “destinos” en Oriente Medio “favoritos” de Pompeo, en alusión a Arabia Saudita, dijo Zarid.

Pompeo ha defendido una línea dura contra Irán, incluidas amplias sanciones que han devastado su economía.

Se espera que el presidente electo Joe Biden busque un retorno a la diplomacia y ha elegido a Bill Burns, un ex diplomático muy respetado que ha dirigido negociaciones secretas con Irán, como jefe de la CIA.

Las relaciones entre Teherán y Washington se han deteriorado desde 2018 cuando Trump abandonó el acuerdo nuclear de 2015 con Irán, que impuso restricciones estrictas a sus actividades nucleares a cambio del levantamiento de las sanciones.

Desde el comienzo de su administración, Trump ha impuesto sanciones a funcionarios, políticos y empresas iraníes en un esfuerzo por obligar a Teherán a negociar un acuerdo más amplio que limite aún más su trabajo nuclear.

Y se esperan más sanciones antes de que Trump deje el cargo, según los funcionarios estadounidenses.

Si bien las sanciones han reducido drásticamente las exportaciones de petróleo de Teherán y aumentado las dificultades económicas de los iraníes comunes, no han logrado que Irán vuelva a la mesa de negociaciones.

Biden ha dicho que Estados Unidos se volverá a unir al acuerdo nuclear “si Irán reanuda el cumplimiento estricto”.

(Con información de Afp, Reuters)