El Estado Islámico: Orígenes, Desarrollo y Amenazas desde la Perspectiva Geoestrategica del conflicto III Parte

David Odalric de Caixal i Mata: Historiador Militar, experto en Geoestrategia Internacional y Terrorismo Yihadista. Director del Área de Seguridad y Defensa de INISEG (Instituto Internacional de Estudios en Seguridad Global). Director del Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista (OCATRY). Membership in support of the AUSA (Association of the United States Army) Miembro asesor de la Sección de Derecho Militar y Seguridad del ICAM (Ilustre Colegio de Abogados de Madrid). Membership in support of the Friends of the Israel Defense Forces. Miembro del Consejo Asesor del Likud-Serbia (Israel).  Miembro de Honor de la Academia Europea de las Ciencias, Artes y Humanidades.

Moscú ha desplegado al menos:

Una decena de carros de combate T-90A, actualmente los más modernos en el inventario ruso, así como numerosos vehículos blindados de infantería y piezas de artillería. Sistemas avanzados de defensa antiaérea como los nuevos Pantsir S1 de corto alcance, los Buk-M2E de medio alcance y los S-400 de largo alcance, desplegados estos últimos a raíz de la crisis con Turquía. También se cuenta con radares de distinta frecuencia y alcance (P-18, Kasta-2 o el novísimo 96L6). Además, el crucero lanzamisiles Moscú –el buque insignia de la flota del Mar Negro–, también se encuentra desplegado frente a la costa siria con numerosos sistemas de defensa aérea a bordo.

Módulos de guerra electrónica, como el nuevo Krasuja-4, concebido para llevar a cabo interferencias electrónicas a sus potenciales blancos en un radio de cientos de kilómetros.

Algunos de los medios desplegados en la base aérea de Hmeymim para el 18 de octubre. Fuente en la foto.

Por otro lado, los ataques rusos en el país árabe no se han llevado a cabo exclusivamente desde las plataformas desplegadas en suelo sirio. Rusia también ha utilizado desde su propio suelo plataformas consideradas como estratégicas que, sin lugar a dudas, están más allá de las necesidades del conflicto:

Uso bombarderos estratégicos Tu-22M3, Tu-95MS y Tu-160, los tres modelos que forman el componente aéreo de la fuerza de disuasión nuclear de Rusia. Realizan vuelos directos desde diferentes bases aéreas rusas hasta territorio sirio, llegando incluso a haber circunnavegado Europa en una ocasión. Se ha utilizado extensivamente y de manera exitosa munición de precisión (Kh-555) y nuevos misiles furtivos (Kh-101) durante los lanzamientos. Desde territorio ruso también han participado varios Su-34.

Uso de misiles de crucero de ataque a tierra 3M-14 del sistema Kalibr desde las nuevas corbetas de la flota del Mar Caspio. Con un alcance que se estima de hasta 2500 km, han visto su bautismo de fuego tras ser introducidos en los arsenales rusos en el año 2012.

Influencia de las Operaciones en el curso de la guerra.

El inicio de los bombardeos permitió al gobierno sirio pasar a la ofensiva en tierra desde el 30 de septiembre de 2015 y abrirse paso contra grupos rebeldes en las provincias de Idlib, Latakia y Hama. La intervención rusa levantó la moral de las fuerzas leales a al-Asad, sin embargo su avance fue inicialmente muy lento a pesar del apoyo recibido. Según el Estado Mayor ruso este avance del ejército sirio sería de alrededor de 50 ciudades y territorio de unos 350 kilómetros cuadrados liberados del control del Estado Islámico.​ El ejército sirio también habría logrado arrebatar a otros grupos las colinas cercanas del Sukayk, en Hama, que abren el camino hacia Jan Sheijun, una ciudad clave en tanto está ubicada sobre la carretera internacional Damasco-Alepo. También se anunció que el 4 de noviembre que el ejército sirio logró recuperar totalmente el control de la ruta que conecta Alepo con el sur, centro y oeste de Siria.  El 9 de noviembre, con el apoyo de la aviación rusa, tomó el control de la localidad de Gmam, en el norte de Latakia y, con ayuda iraní, logró romper el cerco que durante dos años el Estado Islámico mantuvo sobre el aeropuerto Kueires de la ciudad de Alepo. Fuerzas leales al presidente Bashar al Asad tomaron el 23 de noviembre de 2015 las ciudades de Maheen y Hawareen, al este de la carretera que enlaza Damasco con los bastiones del gobierno en la costa, informó el OSDH, acercándose así a la ocalidad de Al Qaryatain, la última antes de llegar a Palmira, en poder del Estado Islámico.​ En febrero, con ayuda aérea propia y rusa, el ejército leal a Al-Asad inició una ofensiva con miras a expulsar a los rebeldes de Alepo. Para el 9 de febrero la ofensiva cobró intensidad y el cerco sobre esa ciudad estaba casi completo, estando al punto de desmoronamiento la defensa rebelde de la ciudad, siendo la intención del gobierno de recuperar la ciudad y llegar hasta la frontera con Turquía.

Rusia ha revelado el alcance de su participación militar en la guerra de Siria. Un video del Ministerio de Defensa dijo que más de 63.000 militares rusos habían «recibido experiencia de combate» en el país desde septiembre de 2015. El ministro de Defensa, Sergei Shoigu, dijo a fines del año 2018 que se habían desplegado 48.000 efectivos. El video también dijo que la fuerza aérea rusa había realizado 39.000 salidas, destruyendo 121.466 «objetivos terroristas» y matando a más de 86.000 «militantes». https://www.bbc.com/news/world-middle-east-45284121

Asimismo, como los bombardeos rusos afectaron primero a otros grupos insurgentes, esto permitió al Estado Islámico avanzar hacia Alepo en el este de Siria y desplazar a organizaciones rivales atacadas por los rusos. Como resultado el general de la Guardia Revolucionaria de Irán, Hussein al Hamadani, quien realizaba misiones de asesoría en Alepo, fue asesinado en las inmediaciones del aeropuerto de la ciudad. Por otra parte, la intervención armada rusa habría forzado a los yihaidistas a cambiar de táctica dispersando sus fuerzas e incrementando su enmascaramiento entre la población. Además la intervención rusa reforzó inicialmente el suministro de equipo bélico por parte de la administración de Obama, donde Hilary Clinton, Biden y otros miembros de la administración participaron en el envío de armas a grupos rebeldes afines, grupos que sabemos acabarían en la órbita deAl-Qaeda o el Estado Islámico, así como una mayor intervención por parte de fuerzas de la OTAN y sus aliados árabes. El 11 de septiembre, el gobierno ruso detuvo a un número aún indeterminado de personas en relación a un frustrado ataque terrorista en Moscú.​ Por su parte, insurgentes opositores al gobierno lanzaron el 13 de octubre dos proyectiles explosivos contra la embajada rusa en la capital siria, Damasco, uno de los cuales impactó contra el edificio. Por otra parte el Frente al Nusra, llamó a los yihadistas del Cáucaso a ayudar a Siria atacando a Rusia. Funcionarios de defensa rusos y estadounidenses firmaron el 20 de octubre un acuerdo que establece protocolos para evitar incidentes con sus respectivos aviones sobre el cielo de Siria. Además, el día 23, ministros de Relaciones Exteriores de Rusia, Estados Unidos, Arabia Saudita y Turquía sostuvieron en Viena conversaciones sobre la guerra en Siria,​ que continuaron el día 29 del mismo mes con la inclusión de Irán, siempre con posiciones antagónicas sobre el futuro del gobierno en Siria y que terminó sin ningún resultado.​ Asimismo, en la tarde del día 23 el ministro ruso Exteriores Serguéi Lavrov afirmó en reunión con su similar jordano, Naser Judeh, que Rusia y Jordania acordaron coordinar operaciones militares en Siria.​ De acuerdo a la organización internacional Human Rights Watch (HRW), el grupo terrorista Jaish al-Islam, que combate al gobierno de al-Asad en la ciudad de Guta, habría dispuesto jaulas con prisioneros y civiles —en su mayoría alauíes y militares leales al gobierno— a lo largo de esa ciudad como escudo humano contra los bombardeos rusos. Las operaciones de Rusia asimismo ayudaron a intensificar el éxodo masivo de refugiados de Siria, de los cuales hay 2.5 millones tan sólo en Turquía. El 31 de octubre de 2015, un Airbus A320 con 217 pasajeros y siete tripulantes a bordo se estrelló en la península del Sinaí, en Egipto, sin haber sobrevivientes. Este vuelo era un vuelo chárter turístico de la empresa rusa Kogalymavia e iba rumbo a San Petersburgo en Rusia. El brazo egipcio del Estado Islámico se adjudicó este hecho como represalia por los bombardeos rusos en Siria, lo cual se tomó al principio con cautela entre la comunidad internacional previo a las investigaciones.​ Sin embargo, Rusia confirmó el 17 de noviembre de 2015 que la causa de la caída del avión fue una bomba casera colocada en el aparato y que estalló poco después del despegue. Vladimir Putin aseguró sin embargo que las operaciones en Siria, no sólo continuarían, sino que se intensificarían, afirmando que los responsables serían castigados.

Animación mostrando el avance de las tropas leales a al-Asad (en naranja vivo) del 10 al 30 de noviembre del 2015

El 27 de noviembre se reportó que el Estado Islámico habría evacuado sus bases en Al Mayadín, un objetivo frecuente de los bombardeos tanto rusos como sirios, este de la provincia Deir al-Zor, debido a los mismos. Según el OSDH, los yihadistas se trasladaron a casas en la población, de las que el EI se había apoderado hace tiempo, medida similar a la adoptada por el mismo EI en Al Raqa, donde los ataques aéreos rusos y de la coalición internacional se habían intensificado en las últimas semanas tras los atentados de París de noviembre de 2015, que se adjudicaron los terroristas.

Accidente del Tu-154 en el Mar Negro

El 25 de diciembre de 2016 un avión militar ruso, un Tupolev Tu-154 que había despegado de Rusia dirigido a una base militar en Siria, cayó en el Mar Negro con 92 personas, entre los fallecidos se incluyen ocho miembros de la tripulación, ocho militares, 64 miembros del Coro, dos responsables civiles, un miembro de una organización humanitaria internacional y periodistas.

Accidente del Antonov An-26

El 6 de marzo de 2018 se estrelló en Latakia, al noroeste de Siria, un Antónov-26 de transporte militar. Los 39 ocupantes que viajaban a bordo, todos ellos militares y de ellos seis miembros de la tripulación, perecieron en el accidente, que se produjo cuando iban a tomar tierra, según el Ministerio de Defensa ruso, a tan sólo 500 metros de la pista de la base aérea rusa de Hmeimim. El ministerio de Defensa ruso dijo que no se trató de un derribo, ni que tampoco fue blanco de disparos y que su accidente está bajo investigación. Se ha abierto una investigación criminal por posibles negligencias.

¿Qué análisis podemos sacar hasta ahora de la intervención rusa?

La campaña aérea rusa tuvo unos inicios moderados cuantitativamente hablando, entre 15 y 20 salidas diarias, pero éstas fueron aumentando en las siguientes semanas y meses de la intervención rusa sobre el terreno. Para finales de noviembre, tras casi dos meses de operaciones, se habían realizado poco menos de 3.000 salidas con unos 4.500 objetivos neutralizados, lo que supone unas 50 salidas diarias de media. El hecho de que los rusos hayan sido capaces de mantener este ritmo continuo y creciente de salidas con apenas unos 50 aparatos desplegados, tanto de día como de noche, ha demostrado que la Fuerza Aérea Rusa se encuentra a la par que sus homólogas occidentales, tanto en capacidades como en tecnología. Sin embargo, los éxitos conseguidos por los rusos en sus operaciones aéreas no han ido acompañados de grandes avances sobre el terreno por parte del régimen sirio. En este periodo de tiempo Damasco solo consiguió recuperar un 0,4% de territorio perdido, algo que para muchos analistas es, a todas luces, un fracaso. Bien es cierto que antes de la intervención rusa los sirios se encontraban a la defensiva en la mayoría de frentes y los bombardeos rusos habrían revertido esta situación salvando al régimen, pero es una prueba de que Rusia va a tener que revisar su estrategia conjunta tanto con los sirios como con sus aliados iraníes si quieren ganar fuerza de cara a futuras negociaciones de paz. Por otro lado, los objetivos de los ataques aéreos rusos también han sufrido variaciones. Desde el principio, la mayoría de salidas se han realizado contra posiciones rebeldes en claro apoyo de las fuerzas del régimen sirio, a la vez que puntualmente también se realizaba algún ataque sobre posiciones del Daesh. Esta dinámica cambió desde la confirmación del atentado terrorista en el avión ruso de pasajeros siniestrado sobre el Sinaí: los rebeldes siguieron soportando la mayoría de bombardeos rusos pero hubo un incremento significativo de ataques contra los yihadistas, especialmente en Raqqa, refinerías y convoyes de camiones usados para el transporte de petróleo, principal fuente de ingresos del “Califato”. La lógica de los bombardeos rusos sobre los yihadistas responde pues, a necesidades tácticas pero también a una clara campaña de márketing político para justificar su intervención de cara a la galería exterior.

En rojo, ruta de los dos bombarderos Tu-160 que circunnavegaron Europa hasta Siria. En azul, la ruta usual. Fuente: www.dailymail.co.uk

En referencia a esto último, la entrada en escenario de los bombarderos estratégicos y la intervención de la Flota del Mar Caspio han constituido, más que nada, mensajes dirigidos hacia la OTAN y hacia los países del golfo Pérsico. En ningún momento el conflicto sirio ha necesitado del uso de carísimos misiles de crucero ni de la intervención de bombarderos nucleares nunca utilizados –a excepción de los Tu-22M– en combate real previamente. Ni mucho menos existía la necesidad de realizar una circunnavegación de los mismos por Europa existiendo una ruta mucho más corta a través del Caspio. Pero gracias a ello Rusia ha sacado a relucir sus capacidades militares, demostrando que sus acciones solo están al alcance de las grandes potencias y que su país ya no va a ser un mero espectador en el panorama global sino que está dispuesto a implicarse militarmente allí donde sus intereses lo requieran. Por otro lado, la apertura de los espacios aéreos iraquí e iraní –e incluso aportando escolta aérea– para el tránsito de los bombarderos estratégicos de regreso a sus bases en Rusia demuestra que Moscú cuenta con el respaldo político de ambos países a un nivel sin precedentes.

¿Qué posibles escenarios se presentan a medio plazo?

Al ser una campaña de bombardeos aéreos y de apoyo desde el aire a las tropas del régimen, la intervención militar rusa fue limitada. Habría que ver si un futuro fracaso en las ofensivas del régimen o el estancamiento de los principales frentes provocaría un mayor involucramiento de Rusia en el conflicto, algo que por ahora lo podemos descartar. Esto se podría dar de diversas formas; desde el envío de armamento más sofisticado al régimen o participando abiertamente en el frente con tropas propias. Por ahora esto último parece, sin embargo, poco probable, ya que Moscú no necesita que el régimen recupere por completo toda la geografía siria, sino que mantenga en sus manos las zonas costeras, las regiones de Idlib y Aleppo y el corredor que las une con la capital. El resto del país es, por decirlo de alguna manera, prescindible a los intereses rusos. Sí parece claro que la victoria rebelde queda descartada tras la intervención de Moscú, que pretende evitar a todas luces la caída de su aliado y reducir a su vez el riesgo que para Rusia supone tener en su esfera cercana una guerra civil con elementos yihadistas. La crisis migratoria y la tragedia humana que se está viviendo en Siria, sumado a la internacionalización creciente del conflicto señalan que la solución más probable sea una salida negociada a medio plazo, quizás con el despliegue de una fuerza multinacional de la ONU. En caso de no llegarse a ningún acuerdo, existe también el riesgo de que el conflicto se siga prolongando en el tiempo, con una intensificación del pulso geopolítico entre rivales regionales –Irán y las monarquías del Golfo– y globales –la OTAN y Rusia– y de que incluso asistamos a una “Somalización” del país, con varios Estados de facto y con toda la inestabilidad que ello pueda traer a la región.