El Estado Islámico: Orígenes, Desarrollo y Amenazas desde la Perspectiva Geoestrategica del conflicto II Parte

David Odalric de Caixal i Mata: Historiador Militar, experto en Geoestrategia Internacional y Terrorismo Yihadista. Director del Área de Seguridad y Defensa de INISEG (Instituto Internacional de Estudios en Seguridad Global). Director del Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista (OCATRY). Membership in support of the AUSA (Association of the United States Army) Miembro asesor de la Sección de Derecho Militar y Seguridad del ICAM (Ilustre Colegio de Abogados de Madrid). Membership in support of the Friends of the Israel Defense Forces. Miembro del Consejo Asesor del Likud-Serbia (Israel).  Miembro de Honor de la Academia Europea de las Ciencias, Artes y Humanidades.

Al-Qaeda absorbió un amplio espectro de escuelas de pensamiento yihadistas que se desarrollaron entre la década de 1980 y el ascenso al liderazgo de Ayman al-Zawahiri, seguido por la ruptura del Estado Islámico (IS o Daesh) y su declaración de Abu Bakr al-Baghdadi como el califa reinante. Sobre territorios capturados por EI en Irak y Siria. Aunque el Estado Islámico está de acuerdo con al-Qaeda en principios básicos, no está de acuerdo con sus interpretaciones. El Estado Islámico cree que Zawahiri se desvió de las formas yihadistas de al-Qaeda porque no denunció a los líderes de la Hermandad Musulmana, especialmente después de que Mohamed Morsi fuera elegido democráticamente como presidente de Egipto. Daesh también responsabiliza a Zawahiri de la ruptura de Abu Mohammad al-Jolani del Estado Islámico como Frente al-Nusra en Siria. Al-Qaeda, por su parte, acusa al Estado Islámico de extremismo e ignorancia con respecto a la aplicación de las reglas de la yihad a grupos e individuos, así como de asesinatos y denuncias excesivamente entusiastas. El futuro de la organización Estado Islámico está ligado al destino de su autoproclamado «estado«, que, si persiste, sería un «califato» que es internamente extremo y externamente flexible. Si Daesh cae, se convertirá en un grupo yihadista extremista a la derecha de al-Qaeda. Hasta ahora, lo que está claro es que los movimientos yihadistas participarán individualmente en una nueva ronda de autoevaluación, especialmente ahora que el EI ha declarado un califato. Acusa al Estado Islámico de extremismo e ignorancia con respecto a la aplicación de las reglas de la yihad a grupos e individuos, así como de asesinatos y denuncias excesivamente entusiastas. Para analizar las raíces ideológicas que hicieron destacar a la organización Estado Islámico, debemos volver a los orígenes de al-Qaeda, grupo cuya ideología la hizo destacar entre decenas de otros grupos yihadistas durante el período de la llamada “yihad afgana”. Esto mejorará la comprensión del conflicto entre al-Qaeda y Daesh, y el interrogatorio de las diferencias ideológicas entre los dos también probará la fuerza de estas ideas y su poder de permanencia. Hay tres fases identificables de los movimientos yihadistas: la movilización para la yihad migratoria, la yihad global y la era Zawahiri. Es importante tener en cuenta que estas fases pueden superponerse, y sus rasgos distintivos pueden entrelazarse, incluso ideológicamente, pero son los más apropiados para este estudio ya que rastrea las raíces ideológicas de Daesh.

Los atributos del movimiento yihadista global se desarrollaron durante este período, el de la movilización por ‘el deber de la yihad’ en Afganistán, que precedió a la fase global.  Incluyen:

1. Movilización yihadista: la movilización, independientemente de sus diversos motivos y propósitos, sigue siendo el rasgo más destacado de ese período. Todo lo que vino después, y disfrutó del apoyo regional e internacional y, en algunos casos, del apoyo oficial árabe, fue una continuación de la jihad afgana. Presentaba foros yihadistas que incluían a árabes y no árabes, y temas que antes eran oscuros comenzaron a cobrar importancia en la “psique musulmana”, como Turkestán Oriental en China, Cachemira en India, Patani en Tailandia, Moro en Filipinas. Podemos decir con seguridad que la movilización alcanzó su punto máximo entre el establecimiento de Abdullah Azzam de su «Oficina de Servicios» en 1984 y su asesinato en 1989.

2. Liderazgo del pensamiento yihadista: Para facilitar y perpetuar la movilización, fue necesario diseñar un “manifiesto yihadista” acordado por cada líder yihadista en Afganistán, independientemente de su credo, objetivos o prioridades. Abdullah Azzam y los primeros defensores de la yihad estaban ansiosos por lograr ese consenso. En esta fase, la idea de «eruditos yihadistas» en el campo ganó prominencia. Apoyaron activamente la jihad y se vieron a sí mismos como eruditos a los que los musulmanes están obligados a escuchar. Fue una táctica para reprimir las fatwas y las opiniones opuestas, y la «adhesión a la yihad» se convirtió en el signo de un «liderazgo honesto«. Estas ideas dieron influencia e inmunidad al pensamiento yihadista y le dieron prominencia dentro del mundo musulmán.

3. Acusaciones de «Murjiah y Jahmi»: Estos términos ganaron popularidad y se usaron como acusación contra aquellos que se negaron a excomulgar a los regímenes que no «gobiernan según la palabra de Dios» (o la Shariah). Murjiah cree que la fe es conocimiento, y que cualquier musulmán que exprese su creencia en Dios no puede dejar de ser musulmán pecando.

4. Usando los escritos de Sayyid Qutb como referencia: La literatura de Qutb fue considerada como la referencia integral de todas las ideas surgidas durante ese período, a pesar de las variadas, ya veces contradictorias, interpretaciones de su línea de pensamiento. La razón de tal consenso puede atribuirse a la ausencia de literatura previa de similar amplitud, así como al hecho de que él pidió romper todos los vínculos con los regímenes actuales a nivel mundial. Sin embargo, está claro que el verdadero imperativo era proteger la movilización de las diferencias de opinión. Abdullah Azzam, cuyas raíces ideológicas habían sido fuertemente influenciadas por los Hermanos Musulmanes, fue la fuerza impulsora detrás de la movilización, mientras que sus principales socios en la yihad afgana en ese momento, a saber, los wahabíes y al-Jamaa al-Islamiyya en Egipto, fueron implacablemente críticos de los Hermanos Musulmanes

Como vemos, el DAESH está claramente marcado por el carácter milenarista de su ideología, y sin conocer éste, no lograremos comprender el significado que adquiere en su entorno la instauración de un califato y la consecución de su posterior carácter universal. Al frente del nuevo califato −el octavo de un total de doce que según el Corán habrá en la historia− estaría Abu Bakr Al Baghdadi (autodenominado como califa Ibrahim). Éste, a su vez, tomaría el nombre de guerra de Abū Bakr Al-Siddīq −como acto cargado de simbología−, ya que, dicho nombre, hace referencia al suegro de Mahoma, el cual le sucedería y sería el primero de los califas conocidos como “ortodoxos” o Califato de Rashidún. Según el Corán, el duodécimo califa se tendrá que enfrentar en una colosal batalla contra el ejército de roma en las llanuras de Dabiq (de aquí el nombre de la revista en su versión en inglés). Los musulmanes vencerán en ésta, y posteriormente se expandirían. Al poco tiempo, surgiría una especia de anti-mesías que les atacará desde Asia Central, matando a numerosos hombres. Un total de cinco mil, quedarían acorralados, y tras el regreso y ayuda del profeta Jesús, lograrían vencer al “monstruo”. Quizás por eso mismo, quieran enfrentarse a los enemigos del islam (entendidos como las potencias occidentales encarnadas, por ejemplo, en países como Estados Unidos) en su propio territorio, y desde éste ir avanzando por tierra. Otro motivo al cual hace referencia el DAESH es que, tras la muerte del profeta, debía establecerse un califato acorde a su mensaje. Tras éste, le sucedería uno marcado por la tiranía y desviación del camino correcto. Una vez más, y tras finalizar el anterior, se iniciaría de nuevo el ciclo con un califato fiel a Mahoma y al islam. Para el DAESH, los gobiernos árabes encarnan el periodo de tiranía al que se referían, y es por ello que debían instaurar el califato, el caracterizado por seguir el camino recto.

El atentado terrorista en la ciudad pakistaní de Quetta, el 8 de agosto de 2016 fue una muestra de la capacidad operativa de un grupo terrorista de inspiración yihadista denominado Jamaat-ul-Ahrar. Esta organización que queda amparada bajo el “paraguas” de los grupos Talibán que actúan en la región y que en unión de estos constituye un elemento con una real y contrastada capacidad de desestabilización en una región ya de por sí compleja debido a la cantidad de actores que participan y alos interese cruzados de grupos y Gobiernos. Fuente: https://www.seguridadinternacional.es/

Pero, ¿qué territorios debería comprender el califato inicialmente y a qué es debido? En su primera fase, el califato se instaura en la región histórica conocida como “Al Shams” Ésta comprendería los territorios actuales de Siria, parte de Irak, Jordania, Israel, Líbano y Palestina. Esta región fue la cuna de los grandes califatos islámicos. En su segunda fase, y como distribuyeron los propios yihadistas a través de redes sociales como Twitter o Facebook, el califato debería de expandirse a territorios entendidos como Dar-al-Islam (aquellos que alguna vez estuvieron bajo el dominio y control musulmán). Resultaría incompleta, dado que, en diversos comunicados, ellos mismos han reconocido su gran interés en derrocar la sede central de la cristiandad: Roma La tercera fase, nos llevaría hasta la expansión total a nivel mundial del califato (la conquista de Dar-al-Harb). Sueño cumplido. Uno de los recursos a los cuales intentará dominar el terrorismo yihadista en la zona de Oriente Medio, es el control del agua, el cual se transformará en un objetivo determinante de la estrategia de expansión regional del Estado Islámico, que “en caso de que lo consiguieran y pudieran mantener ese control, quizá entonces podrían legitimar parcialmente su gobierno, o alternativamente ser explotado como arma”. Pero debemos ser conscientes de que el problema del agua se extiende más allá de Irak y Siria, con lo que podría afectar a otros países aliados de EEUU, como Jordania, aumentando el riesgo de que las poblaciones, las cuales se verían privadas de un derecho universal como es el agua, se volvieran contra sus gobiernos y decidieran apoyar al Estado Islámico, creando un levantamiento en todo Oriente Medio. Todo esto podría suceder si en un momento determinado del conflicto en el que nos encontramos, los terroristas del Daesh pudieran desarrollar la capacidad de proveer de recursos hídricos adecuados a los cientos de miles de habitantes que estuvieran bajo su control.

Militantes de Estado Islámico a punto de realizar una decapitación masiva. | IMAGEN DE YOUTUBE.

La solución a mi entender ante esta amenaza, sería sin lugar a dudas la de proteger las infraestructuras estratégicas en la zona, a ello me refiero a las grandes presas hidroeléctricas y otras infraestructuras de agua ubicadas en las zonas bajo control del Estado Islámico o cercanas a ser ocupadas por el Daesh. Con lo que la coalición con el apoyo de las otras naciones que combaten al terrorismo como Rusia, debería ante todo dar protección a esas infraestructuras que podrían caer en manos de los terroristas, y provocar un caos en la región. Con lo que el retraso en la acción militar por parte de la coalición ha puesto en peligro la estrategia para derrotar al Estado Islámico, con lo que podría provocar que los terroristas se hicieran más fuertes, continuaran recibiendo más apoyos de otros países de la órbita regional y sobre todo la llegada ingente de voluntarios islamistas desde otros rincones del mundo, como hemos visto en la Guerra de Siria e Irak. Recordemos que el grupo terrorista nigeriano Boko Haram, que fue responsable de la muerte de más de 10.000 personas en Nigeria en 2014, declararía su lealtad al Estado Islámico. Ahora, muchos analistas coincidimos en que Boko Haram tiene mucho más poder que del grupo terrorista que se escindió, ya que el Estado Islámico ha conseguido hacer algo que prometió y que Al-Qaeda, en su caso no lo consiguió, la creación de una “Califato” con lo que aglutina mucho más poder y con una sólida estructurada jerarquía, algo de lo que Al-Qaeda no dispone. El terrorismo yihadista de Daesh ha llevado a cabo una terrorífica y monstruosa serie de atentados entre los que me gustaría resaltar el del 31 de octubre de 2015, un Airbus A321 con 224 pasajeros y tripulantes a bordo, el cual cubría la ruta Sharm el-Sheij (Egipto)- San Petersburgo (Rusia) se estrelló en el norte de la península egipcia o el avión de la compañía rusa Metrojet, y en el que viajaban 25 niños, 192 adultos y 7 tripulantes también fueron asesinados por el terrorismo islamista. Todo ello nos muestra una fragmentación que lleva a los violentos, los asesinos radicales islamistas a preferir una marca que les deslumbre por su mayor impacto mediático y sobre todo por la brutalidad de sus acciones. Nuestro principal objetivo, es atender a Siria e Irak, donde Daesh ha concentrado su principal órdago califal, aunque hay que resaltar que resulta bastante insostenible. Primero porque, carece de recursos (unos 30.000-50.000 efectivos) para controlar funcionalmente un territorio donde viven unos seis millones de personas críticas con su dictado, y porque sabe que sus aliados circunstanciales (milicias sunníes enfrentadas a Bagdad) pueden nuevamente volverles la espalda, cuando en realidad ya lo hicieron hace una década cuando Washington les ofreció –armas, dinero y garantías incumplidas- de regreso al poder. Además en temas militares, la coalición liderada por EEUU ha logrado no ya solo fijar al enemigo, limitando su capacidad de maniobra y haciéndolo más vulnerable, sino también dificultar su logística y financiación (destruyendo depósitos, instalaciones y pozos petrolíferos) Por último, ya vimos la creación y formación de una fuerza terrestre –básicamente integrada por las fuerzas armadas iraquíes (238.000 efectivos) y otros tantos Peshmergas kurdos-, encargados de protagonizar la fase de combates terrestres que debería seguir a la aérea, contra el DAESH en Irak y recuperar los territorios que había ocupado al inicio de su expansión y creación de su Califato. Sin lugar a dudas muy pocos medios para atender a tantos frentes. Con lo que nos hace pensar, si realmente el Estado Islámico cuenta tan sólo con 50.000 efectivos, o según nos detallan otras fuentes regionales y locales el terrorismo yihadista en Siria e Irak estaría formado por más de 150.000 mercenarios, algo que iremos dilucidando en este último temario de la asignatura.

Intervención militar rusa en la la Guerra de Siria

En 1944, Siria y la Unión Soviética inauguraron relaciones diplomáticas que se estrecharían en 1963 al triunfar una revolución de corte socialista en el gobierno sirio. Hafez al-Asad, padre y antecesor de Bashar al-Asad como presidente de Siria, había además recibido educación y adiestramiento militar en la Unión Soviética en su juventud. Siria sirvió así durante la Guerra Fría como uno de los contrapesos soviéticos para contrarrestar la influencia de los Estados Unidos en Oriente Medio. En la década de los noventa, Rusia heredó el papel que la Unión Soviética jugaba en la región, si bien la relación con Siria, aunque nominalmente la misma, perdió importancia para ambos socios en vista del declive económico y militar ruso en esa época. Sin embargo, al finalizar la década, Rusia había reanudado la venta de armas a Siria, además de establecerse a partir del primer periodo de gobierno de Vladímir Putin la firma de varios acuerdos de cooperación comercial y científica y realizarse un nuevo acercamiento en las relaciones diplomáticas de ambas naciones.​ Como resultado, Siria se convirtió en un importante cliente de tecnología y armamento ruso, con una estimación de más de 4000 millones de dólares en compra de armas. Rusia tiene asimismo en el puerto sirio de Tartús la única base naval rusa en Oriente Próximo, que le da a Rusia una posición estratégica en el mar Mediterráneo y cuya seguridad es de gran importancia para el país. Por otra parte, desde principios del año 2011, comenzaron en Siria varias manifestaciones callejeras inspiradas en la llamada Primavera Árabe que desestabilizó a varios gobiernos árabes desde el Norte de África hasta Oriente Medio. Rápidamente la situación siria degeneró rápidamente en un gran conflicto, convirtiéndose en una guerra civil, la cual se cobró la vida de miles de personas al organizarse distintas facciones rivales opuestas entre sí y al gobierno, compuestas, dependiendo de sus objetivos e inspiración, por disidentes políticos, desertores del ejército y miembros del Estado Islámico. A lo largo de la guerra civil en Siria, el gobierno de Al-Asad ha sido objeto de diversas sanciones internacionales, siendo Rusia un aliado vital, al vetar ésta las resoluciones anti-sirias patrocinadas por las principales potencias occidentales en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU), algunas veces también secundado por China. A juicio de algunos expertos, Rusia considera además al gobierno sirio como la opción más pragmática para conseguir y continuar sus objetivos internacionales en la región mientras que otros refieren que sencillamente, tras la experiencia de la guerra civil libia, donde las resoluciones de la ONU fueron sobrepasadas por el accionar de la OTAN, el gobierno ruso decidió proteger la soberanía siria. Asimismo, Rusia encuentra preocupante el número de jóvenes de nacionalidad rusa que se han unido al EI, especialmente de la región de Chechenia y el Daguestán: el Servicio Federal de Seguridad ruso considera que un 8 % de los combatientes del Estado Islámico podrían ser rusos, lo cual puede representar una amenaza para las regiones con población musulmana significativa en Rusia. Enviando a este país batallones de zapadores y policía militar de Chechenia e Ingushetia, para ayudar en el desminado de Alepo y Palmira, además del cuidado de bases militares.

Preparativos militares por parte de Rusia

La operación militar de Rusia en Siria fue necesaria, ayudó a derrotar a ISIS. La fase activa de la operación militar rusa duró 804 días, desde el 30 de septiembre de 2015 hasta el 11 de diciembre de 2017. La fase activa de la operación militar rusa duró 804 días, desde el 30 de septiembre de 2015 hasta el 11 de diciembre de 2017. Antes de que comenzara la operación, los terroristas controlaban más del 70% del territorio de Siria y avanzaban en todas direcciones mientras las tropas progubernamentales eran obligadas a retirarse. «Con el apoyo de la aviación rusa, las fuerzas armadas de Siria liberaron 1.024 áreas pobladas de los terroristas. Como resultado, las tropas gubernamentales y las fuerzas de autodefensa recuperaron el control sobre el 88% del territorio del país» Rusia logró evitar el colapso del estado sirio, detener la guerra civil, derrotar al Estado Islámico y asestar un gran golpe a toda la red terrorista internacional al interrumpir sus canales de suministro. Además, como resultado de la operación, más de 3.000 yihadistas con pasaportes rusos, que se habían unido a organizaciones terroristas, las cuales luchan en Siria, no pudieron regresar a Rusia para continuar sus actividades terroristas. Desde el punto de vista geopolítico, Rusia logró mantener el equilibrio de fuerzas en Oriente Medio, convirtiéndose en un garante clave de la seguridad regional. Más de 133.000 terroristas han muerto en Siria desde que Rusia lanzó su operación militar en el país. «Como resultado de los ataques aéreos y los ataques con misiles de crucero, se destruyeron 133.542 instalaciones terroristas, incluidas 400 refinerías de petróleo ilegales y 4.100 repostadores. Un total de 865 líderes terroristas y más de 133.000 militantes murieron, incluidos 4.500 militantes de la Federación de Rusia y países de la CEI » Esas formaciones armadas tenían miembros ideológicamente dedicados con entrenamiento militar avanzado, que se enfrentarían al resto del mundo.

Inicialmente, se esperaba que la operación de las Fuerzas Aeroespaciales Rusas en Siria duraría solo varios meses, pero se prolongó ya que hasta ese momento no se había creado una verdadera coalición antiterrorista amplia. Fuente: https://odiaspora.org/2016/09/27/moscow-explains-why-russias-syria-campaign-lasted-longer-than-expected/

De hecho, pueden describirse como el primer ejército de terroristas del mundo: “Bien organizado y unido, con el entrenamiento y la capacitación adecuados y un buen armamento«. Los aviones de las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia realizaron más de 44.000 salidas de combate desde el inicio de la operación. El presidente ruso Vladimir Putin encomendó al ejército ruso la eliminación de los grupos terroristas en Siria y la prevención del regreso de los terroristas de origen ruso. A partir de marzo de 2015, Rusia inició una serie de ejercicios militares ya sea sola o en conjunto con China en las zonas del mar Negro y el Mediterráneo Oriental que perdurarían durante la primera mitad del año.​ También efectuaron ejercicios militares mediados de septiembre con unos 95.000 soldados y armamento sofisticado. Además había estado haciendo simultáneamente esfuerzos diplomáticos para intentar resolver el conflicto con el menor perjuicio posible para al-Asad. En agosto de 2015, imágenes satelitales estadounidenses habían detectado una presencia cada vez mayor de material armamento y personal ruso acumulándose en la base de Tartús. Si bien era sabido que una parte de este material era entregado a las Fuerzas Armadas de Siria, y que el personal ruso estaba entrenando a los sirios leales al gobierno, la cantidad de armamento no parecía justificarse como una venta de armas a Siria. Igualmente en las redes sociales, fotografías personales de militares rusos, señalaban su presencia cada vez mayor en Siria. El 21 de septiembre, Irán comenzó el despliegue en tierra siria de soldados de élite de la Fuerza Quds, parte de la Guardia Revolucionaria de Irán para dirigir ataques terrestres apoyados por aviones rusos contra la oposición al presidente sirio Bashar al-Asad. Desde entonces, se les han unido milicias chiitas de Irán e Irak. De acuerdo al presidente Putin, ya se habían realizado misiones previas de reconocimiento aéreo y espacial como parte de una preparación minuciosa de las operaciones.​ El 28 de septiembre, Putin había declarado ante las Naciones Unidas que solo el ejército sirio de al-Asad y los kurdos luchaban realmente contra el Estado Islámico, y acusó a países de Occidente de apoyar a grupos extremistas que ocasionaban el caos. Asimismo, propuso una coalición antiterrorista internacional. Finalmente, a fines de septiembre, Rusia, Irak, Siria e Irán estableció en Bagdad un centro de inteligencia compartida, con la finalidad de compartir entre las cuatro naciones información relacionada con el Estado Islámico. Se estableció un estado mayor especial para coordinar las misiones y distribuir las regiones de Siria y los objetivos de los ataques entre fuerzas aéreas sirias y rusas. Los objetivos se definirían para luego distribuirse a través del estado mayor especial entre las fuerzas aéreas de Rusia y Siria.

La intervención militar rusa en la Guerra Civil Siria comenzó en septiembre de 2015, tras una solicitud oficial del gobierno sirio de ayuda militar contra los grupos rebeldes. La intervención inicialmente consistió en ataques aéreos disparados por aviones rusos estacionados en la base de Khmeimim contra objetivos principalmente en el noroeste de Siria, contra grupos militantes opuestos al gobierno sirio, incluida la Coalición Nacional Siria, el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL). , el Frente al-Nusra (al-Qaeda en el Levante) y el Ejército de Conquista. Además, los asesores militares rusos y las fuerzas de operaciones especiales estaban estacionados en Siria. Antes de la intervención, la participación rusa en la Guerra Civil Siria había consistido principalmente en abastecer al ejército sirio. A fines de diciembre de 2017, Rusia dijo que sus tropas se basarían en Siria de forma permanente. Fuente: https://kufarooq3.blogspot.com/2018/03/russian-forces-in-syria.html

Para poder entender el porqué de la creciente implicación rusa en Siria es necesario comprender primero los intereses que Moscú ha tenido y sigue teniendo en la región desde hace décadas. Como bien sabemos, los Asad han sido aliados de la Unión Soviética y de Rusia desde su llegada al poder en 1971. La instalación naval rusa de Tartus, que tanto ha sido mencionada en los medios internacionales durante estos años de guerra civil, se remonta de hecho a esa época, si bien cabe recalcar que se le ha dado más importancia de la que realmente tiene al no ser una base naval propiamente dicha, sino un punto logístico para buques de la armada soviética/rusa en tránsito hacia otros lugares. Esta instalación es, sin embargo, la única facilidad militar de la que Rusia dispone hoy día más allá de las fronteras de los países de la antigua Unión Soviética, siendo además su ubicación, en pleno Mediterráneo Oriental, claramente estratégica. Desde hace años que existen planes para ampliarla y de incluso volver a crear una escuadra naval mediterránea como la que existía en tiempos soviéticos dados los obstáculos estratégicos que suponen los estrechos turcos de los Dardanelos y del Bósforo. El conflicto de Siria no ha hecho más que acelerar esos planes, y a los trabajos de expansión del puerto de Tartus que ya se están llevando a cabo para poder albergar buques de mayor calado se suma el restablecimiento en el 2012 de una presencia naval rusa permanente en el Mediterráneo con buques aportados por las diferentes flotas. Algunos de estos buques, principalmente de transporte, han formado parte del llamado “Exprés Sirio” con el que Moscú lleva apoyando al régimen de Damasco con ayuda humanitaria y pertrechos militares desde hace meses. Por otro lado y como resultado de la estrecha alianza forjada entre Damasco y Moscú desde los años 70, Siria no solo ha sido un tradicional cliente para el sector armamentístico ruso, sino que buena parte de sus oficiales han sido entrenados por los rusos. El Kremlin no quiere repetir el mismo error que cometió con la Libia de Gadafi, cuyo derrocamiento trajo consigo el fin de numerosos contratos firmados previamente entre ambos países. Esto es algo que también pretende evitar el presidente ruso con su apoyo decidido a Bashar al-Asad, es decir, el asegurarse no solo la continuidad en la entrega de sistemas armamentísticos firmados años atrás sino también que esta cooperación se mantenga y se incremente en un futuro tanto en este como en otros sectores.

Paso del Nikolay Filchenkov (Clase Aligator) por los estrechos turcos con cargamento visiblemente militar hacia Siria. Fuente en la foto.

La estabilidad de Siria, y por extensión, de Oriente Medio, se encuentra de esta forma entre los principales intereses rusos. Rusia alberga hoy día unos 20 millones de musulmanes dentro de sus fronteras y se calcula que aproximadamente unos 3.000 ciudadanos rusos, la gran mayoría musulmanes suníes provenientes del Cáucaso norte, están luchando en Siria contra el régimen del al-Asad con todos los riesgos que ello conlleva, es decir, la radicalización de muchos de estos combatientes y el incremento del riesgo de posibles atentados terroristas en Rusia tras el retorno de los mismos. De esta forma, y desde un punto de vista estratégico, intervenir directamente en el conflicto sirio en busca de fortalecer a una Siria secular -que por ahora solo el régimen de al-Asad ha sido capaz de garantizar-, ayudará a reducir el peligro de radicalización y desestabilización en la región que suponen grupos yihadistas como Daesh o Al-Nusra. No menos interesante resulta asimismo el interés de Moscú por reafirmar de manera general su papel de gran potencia en la región, presentándose como un garante del statu quo existente antes del inicio de las diferentes revueltas árabes. Siria está sirviéndole a Moscú, además, para romper el cierto grado de aislamiento internacional al que Occidente le sometió a raíz de la crisis de Ucrania.

¿Cuáles son los objetivos de la intervención rusa?

Siempre en busca de garantizar los intereses previamente explicados, Moscú se ha propuesto una serie de objetivos a alcanzar con su campaña aérea. Por un lado, la protección y preservación de la facilidad naval de Tartus y de la base aérea de Hmeymim, en Latakia, así como futuras facilidades militares que puedan ser utilizadas por las fuerzas armadas rusas. Por otro, apoyar a las desgastadas fuerzas de tierra gubernamentales sirias e iraníes –así como a las milicias chiíes de Hezbollah– en sus ofensivas para recuperar el terreno perdido, especialmente en las regiones occidentales del país donde se ubican, precisamente, las facilidades rusas. Ello pasa por el debilitamiento de los llamados rebeldes moderados –y no tan moderados–, así como el Daesh y la destrucción de su infraestructura y equipamiento militar. El objetivo último de esto es la mera preservación del régimen de Damasco o al menos, de un régimen afín –esté o no encabezado por al-Assad– favorable a los intereses rusos, tanto actuales como futuros. Moscú manda, además, un claro mensaje a sus aliados: demuestra su voluntad de acudir en ayuda de los mismos cuando estos se encuentran en apuros. También se busca el evitar, o al menos limitar, la injerencia militar directa por parte de los vecinos de Siria. Para ello Putin se reunió en Moscú durante los días previos al inicio de la operación tanto con Erdogan como con Netanyahu para aclarar los límites de la misma y prevenir posibles acciones por parte de Israel y Turquía que pudieran ir en contra de los intereses rusos.

¿Qué medios militares ha desplegado Moscú?

Los preparativos para la campaña aérea se llevaron a cabo a través del mencionado “Exprés Sirio”, que aumentó el ritmo de idas y venidas hacia Tartús entre junio y agosto. Moscú ha transportado por esta vía la mayor parte del material bélico utilizado en tierra, tanto para uso propio como para suplir al Ejército Sirio de suministros y equipamiento nuevo. Cabe decir que desde el inicio de la campaña hasta el día de hoy, el despliegue militar ruso en Siria ha ido aumentando progresivamente, y lo seguirá haciendo en un futuro cercano tal y como el propio Kremlin ha expresado. Por ello, la información que ahora detallaremos fue variando susceptiblemente a lo largo del conflicto. En total el componente aéreo ruso basado en Siria contaba al principio del despliegue con al menos 48 aparatos, a saber:

12 Sukhoi Su-24M, el modelo más utilizado por ahora en la campaña. De época soviética, en su versión modernizada aún es un vector capaz de ataque a tierra y ha demostrado ser altamente eficaz. Uno de ellos fue derribado por un F-16 turco cerca de la frontera siria, provocando una crisis entre ambos países. Moscú sopeso la posibilidad de enviar otra docena más para reforzar las operaciones militares.

12 Sukhoi Su-25, otro clásico soviético y un veterano de Afganistán. Este avión de ataque a tierra está especializado en apoyo aéreo cercano (CAS) y en consecuencia está preparado para ello: fuertemente blindado, sus motores pueden funcionar con distintos tipos de combustible y posee un tren de aterrizaje que puede operar desde pistas no preparadas o mal pavimentadas. Su acción en Siria se ha limitado por ahora al lanzamiento de munición no guiada; desde bombas “tontas” hasta cohetes montados en pods sub-alares.

4 Sukhoi Su-34, siendo el modelo desplegado más avanzado junto al Su-30SM. Con una aviónica muy moderna y una capacidad de carga superior, está sustituyendo a los Su-24M en el inventario ruso. Su despliegue fue toda una sorpresa, y posiblemente hayan sido enviados a Siria más por la necesidad de testearlos en un escenario de combate real que por pura necesidad. Se han caracterizado por realizar una gran cantidad de ataques de precisión con munición “inteligente” de última generación (bombas guiadas Kab-500S, Kab-1500LG, etc.).

4 Sukhoi Su-30SM, un auténtico avión polivalente con capacidad tanto de ataque a tierra como de superioridad aérea, si bien los rusos están utilizándolos principalmente en misiones de escolta a los Su-24 y Su-34. Su número fue reforzado con varios aparatos más, especialmente tras el incidente con Turquía.

Dos Su-30SM estacionados en Hmeymim, Latakia. Fuente: www.Sputniknews.com 

12 Mil Mi-24P Hind, helicóptero de ataque altamente blindado. Este veterano de Afganistán –y de guerras posteriores– está presente en multitud de fuerzas armadas alrededor del globo, y ha demostrado su versatilidad y fiabilidad a lo largo de su dilatada historia. A pesar de que Rusia dispone de modelos mucho más avanzados en su inventario, Moscú ha decidido desplegar el Mi-24P con vistas a cederlos en un futuro al ejército sirio. Sus tareas consisten tanto en defender los perímetros de la base aérea de Hmeimym durante los despegues y aterrizajes de los aviones rusos como de realizar misiones de apoyo cercano a las tropas sirias en el frente.

Aviones de combate y tropas rusos en Siria. Los primeros aviones salieron de la base aérea de Hmeymim el 15 de marzo de 2016. Fuente: https://www.ft.com/content/f6220904-eb6b-11e5-bb79-2303682345c8

4 Mil Mi-8, el helicóptero más producido del mundo y operado por más de 50 países a día de hoy. Rusia ha desplegado en Siria el modelo más avanzado de este helicóptero de transporte, el Mi-8AMTSh, capaz de cargar una amplia gama de armamento aire-tierra –similar a las últimas versiones del Hind– además de tener capacidad para transportar hasta 36 personas. Es la plataforma ideal para misiones de búsqueda y rescate en caso de que alguna aeronave rusa sea derribada. Plataformas de apoyo, desde aviones de carga Il-76 y An-124 hasta aviones de inteligencia electrónica como el Il-20M. El uso de UAV (vehículos aéreos no tripulados) también está siendo extensivo en misiones de reconocimiento y de evaluación de daños después de cada salida de ataque. Este importante despliegue aéreo en suelo sirio ha ido acompañado, a su vez, de un despliegue militar en tierra para proteger tanto las bases rusas como las plataformas previamente descritas.