Acuso a la Ministra de Defensa Doña Margarita Robles

Yo acuso

Desde luego no tengo ni de lejos la talla literaria de Emil Zola, pero sí que tengo muchas razones para acusar hoy.

Desde la tristeza, desde la impotencia y desde la indignación, 

Yo acuso:

Acuso a la Ministra de Defensa Doña Margarita Robles, por la que hasta este pasado fin de semana sentía gran respeto, de haber provocado y aceptado la dimisión del General D. Miguel Villarroya Vilalta, su eficaz colaborador y directo subordinado.

La Ministra de Defensa conocía, o debía conocer, que el general Villarroya, catalán de 63 años, no se había “saltado” a nadie al vacunarse. Por el contrario, había seguido las instrucciones emanadas de su Ministerio. Concretamente, de la Subsecretaría de Defensa que dirige Doña Amparo Valcarce. Según creo, militante socialista y amiga personal de la Ministra.

El Jemad se vacunó tras recibir una instrucción de Defensa el 13 de enero (vozpopuli.com)

Ignoro las razones que la han llevado abandonar a quien sólo ella podía defender y sabía inocente. 

Podemos especular con su intención de proteger a una amiga o de bloquear los ataques conjuntos de Podemos y del Ministro Grande Marlaska.

Esto sólo son especulaciones.

Lo que es un hecho es que ha faltado, a sabiendas, a su deber de lealtad para con sus subordinados. Eso, es una villanía.

Y al tiempo, se ha hecho un flaco favor a sí misma y a las Fuerzas Armadas.

Ha perdido el respeto de la mayoría de los militares y ha mostrado a sus enemigos su debilidad y cobardía. 

Con ello ha contribuido probablemente a que pronto, haya otra persona en su puesto. Alguien que se dedique a desmontar las FAS más al gusto de Podemos.  

Acuso a Podemos, particularmente a Enrique Santiago, de haber atacado al General Villarroya sabiéndole también inocente.

Con su habitual y maquiavélica falta de escrúpulos, no han dudado en utilizar cualquier medio para atacar a las FAS y a sus enemigos políticos. En este caso, a la Ministra.

Dentro de Podemos no quiero dejar de acusar, aunque sólo fuera de complicidad por omisión, al Ex -JEMAD D. Julio Rodríguez. Hoy Secretario General de Podemos Madrid.  

Rodríguez por haber sido JEMAD, sabe perfectamente que Villarroya no ha podido “colarse” en el turno de vacunación. 

Es más, al conocerle personalmente sabe positivamente que tampoco ha querido y que es incapaz de aprovecharse de su cargo para fin personal alguno.

Parece que los valores de D. Julio han cambiado mucho desde los tiempos en que servía con distinción a España a los mandos de un F-18.

Acuso igualmente a muchos militares de diversos empleos de haber dado por sentado, sin informarse, que “los Generales se estaban aprovechando” y no haber seguido los conductos reglamentarios para exponer su queja.

En lugar de ello murmuraron, crearon falsos rumores y traicionaron a sus jefes.

Esa falta de lealtad les inhabilita para la Milicia.

Acuso a esas Masas que sin hacer tampoco el menor esfuerzo por informarse, han pedido el cese, la degradación y hasta la cárcel para el General Villarroya en las redes sociales.

Me gustaría comparar los logros y preparación de muchas de estas indignadas personas con los de Miguel Villarroya.

Vivimos en una sociedad dónde todos opinan de lo que desconocen totalmente y sin que ese hecho les importe lo más mínimo.

Acuso también a la Prensa. 

Tampoco se han informado. No han preguntado, investigado ni contrastado. Se han quedado en la superficie.

O lo han hecho así a propósito.

Un periódico tan prestigioso como La Vanguardia, por ejemplo, informaba ayer falsamente y sin ningún tipo de pudor, de que el JEMAD se había vacunado “antes de hora” y “cuando no le correspondía.”

En realidad, la vacunación del EMAD antes de otras unidades como la UME, se debió exclusivamente a una cuestión logística y de números. Fue posible reunir y enviar las pocas vacunas necesarias para vacunar a todo el personal del EMAD mucho antes que los miles de dosis necesarias para hacer lo propio con la UME.

Tuvo que ser un medio menor el que sacase a la luz la primera evidencia seria: la instrucción de la Subsecretaría de Defensa firmada por Antonio Cordero Aparicio, director del Gabinete Técnico de la SUBDEF.

Parece ser que nuestra Prensa, haciendo dejación de su vital papel, puede también encuadrarse en el grupo de los que “de todo opinan y de nada saben”.  

Y acuso a un buen número de nuestros políticos, poca sorpresa es ya la falta de valores de la mayor parte de nuestros servidores públicos, pero aún duele.

Personas como Doña Inés Arrimadas se apresuraron a pedir la dimisión del JEMAD sin sentir por tampoco la conveniencia de informarse o preguntar antes de hablar. Ya daba por descontados a los de Podemos y el PSOE, pero ¿También ustedes?

Bueno, Doña Inés será pronto historia pasada muy probablemente. Esperemos que se informe algo mejor hasta entonces.

La lista de acusaciones, desgraciadamente, podría ser aún muy larga. Pero debo terminar.

Pero antes quiero explicar brevemente algunas cosas sobre Miguel A. Villarroya Vilalta

He tenido el honor de servir a sus órdenes en el Ala 31 del Ejército del Aire, y verle en más de una situación comprometida. La mejor forma de conocer a un líder. Probablemente la única.

Y como cualquiera que le conozca, sé que es incapaz de aprovecharse de su cargo.

Aunque sus servicios más importantes se habrán realizado seguramente en los despachos y en tareas de alta gestión, con algunos de los momentos más interesantes de su carrera se podrían hacer películas muy interesantes; Como aquel despegue desde una remota pista de tierra en plena selva de Ruanda. Él y su tripulación habían aterrizado allí con su Hércules para evacuar monjas, niños y paracaidistas belgas. Salieron de allí de milagro, cuando estaban ya rodeados de milicias hutus.

En fin, el general Villarroya ha pedido la dimisión porque es un hombre de honor, al contrario que los citados aquí arriba.

Su preparación, capacidad de gestión y liderazgo, y su inteligencia le hacían la persona idónea para el difícil puesto que ocupaba.

Pero aún más importante, Miguel Villarroya pertenece a la nobleza.

Y no me refiero a la nobleza hereditaria y caduca. Me refiero a la nobleza que definía Ortega en la Rebelión de las Masas.

Aquellos que se exigen cada día más a sí mismos. 

Las Masas, al contrario, se contentan con su mediocridad, rehúyen el esfuerzo y abuchean o aclaman según les dictan. 

Cataluña y España perdieron este fin de semana un valiosísimo servidor, perteneciente a esa minoría, cada vez más exigua, de los que se preocupan más de cumplir deberes que de reclamar derechos.

Juan Carlos Núñez de Andrés