30 TIRANOS

Os copio uno de los párrafos del artículo 30 tiranos que tenéis en el canal y que no debéis dejar de leer:

“Un consultor en comercio internacional le dijo a Friedman: “La necesidad de competir en un mundo globalizado ha impuesto la meritocracia y ha obligado al directivo de una empresa multinacional, al financiero oriental y al emprendedor tecnológico a reconsiderar lo que el Partido Republicano puede ofrecerles. En principio, se han ido del partido como si dejaran atrás no una coalición pragmática, sino un grupo de detractores ideológicos, retranqueados en posiciones negativas”.

Diez años después de que se publicara la columna de Friedman, la élite desencantada que señalaba el columnista del New York Times ha empobrecido aún más a los trabajadores norteamericanos mientras ellos se han enriquecido. Hicieron suyo un lema: globalismo, es decir, la libertad de poner en marcha relaciones comerciales e iniciativas sociales sin tener en cuenta el bienestar de la sociedad en la que se habían ganado la vida y criado a sus hijos.

Los cimientos de la iniciativa globalista están en la adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001. Durante décadas, los políticos norteamericanos y su clase empresarial afirmaron que consideraban a China como un rival, pero la élite que describió Friedman veía en la autocracia ilustrada china un amigo, e incluso un modelo, lo que no resulta sorprendente si se recuerda que el Partido Comunista Chino se convirtió en su fuente de poder, riqueza y prestigio. ¿Por qué comerciaron con un régimen autoritario y trasladaron millones de puestos de trabajo manufactureros norteamericanos a China, empobreciendo así a los trabajadores norteamericanos? Porque los hizo ricos. Acallaron su mala conciencia diciéndose que no tenían más remedio que lidiar con China porque era grande, productiva y eficiente y su ascenso era imparable. Además, los trabajadores norteamericanos perjudicados por el acuerdo merecían ser castigados. ¿Quién iba a defender a una clase de detractores ideológicos reaccionarios y racistas que querían obstaculizar lo que era mejor para el progreso?

La recuperación de esos puestos de trabajo para devolverlos a Estados Unidos, junto con el final de las guerras en el extranjero y la inmigración ilegal, fue la promesa política clave de la presidencia de Donald Trump y la semilla de su victoria por sorpresa en 2016. Trump no fue el primero en argumentar que la relación comercial del establishment político y corporativo con China había vendido a los ciudadanos corrientes de Estados Unidos.

Richard Gephardt, ex-congresista demócrata y candidato a la presidencia en 1988, estuvo a la cabeza de un grupo importante, pero poco influyente, de cargos electos -del Partido Demócrata– y expertos en políticas públicas que lo advirtió: comerciar con un Estado que empleaba mano de obra esclava costaría puestos de trabajo norteamericanos y humillaría a Estados Unidos. Las únicas personas que se tomaron en serio a Trump fueron los más de 60 millones de votantes norteamericanos que le creyeron cuando dijo que lucharía contra las élites para recuperar esos puestos de trabajo.”